Aquellos caprichos que ponen en jaque nuestros ahorros

La publicidad y los comercios nos tientan permanentemente para que compremos sus productos o servicios.

Hoy en día nos dan muchas facilidades de compra como pagar en cómodas cuotas lo que hace que nos veamos permanentemente seducidos a comprar.
Uno cree que al pagar en cuotas, pasa a estar en una situación cómoda y accesible, pero luego de comprar varios productos de esta manera, nos vamos dando cuenta que el resumen de la cuenta a fin de mes trae importes bastante significativos.

Comprar de por sí no tiene nada de malo. Pero hacerlo con frecuencia, compulsivamente y cuando no hay necesidad, no solo pone en evidencia un estado de ansiedad o insatisfacción permanente, sinó que también puede poner nuestra situación financiera en rojo.

Es importante que en la medida de lo posible tratemos de ahorrar. Y más aún tratemos de no malgastar nuestro dinero en productos que no valen la pena, son innecesarios, o creemos que con el tiempo no usaremos más.

Está bueno darse gustos de vez en cuando y de cierta forma “premiarnos” a nosotros mismos.
Trabajamos muy duro a lo largo del mes y muchas veces necesitamos comprarnos algo por gusto.

Pero conozco casos en donde a fin de poder comprarse cosas, uno pasa sacando todo en cuotas, reemplazando los productos que ya tiene por los último modelo y vive en una situación permanente de cero ahorro, cuando en realidad puede hacerlo.

Los productos del rubro tecnológico encabezan los primeros puestos de los caprichos que ponen en jaque nuestros ahorros. Un celular último modelo, la tablet, el plasma, las consolas de videojuegos, etc.
Creo que a la par se encuentra la ropa y accesorios (sobre todo en el caso de las mujeres). Aquella cartera, botas, pantalón, aros, perfume, etc.

Insisto el punto aquí es empezar a reflexionar más al momento de comprar. Hasta que punto somos impulsivos y hasta que punto evaluamos cada compra y el impacto sobre nuestros ahorros. La idea aquí es empezar a hacer compras más inteligentes.

Hace poco me compré una consola de videojuegos. Pagué la mitad en efectivo y la otra mitad a 3 cuotas. El importe no era menor, y analicé con bastante tiempo la conveniencia de comprar o no. De hecho me venía maquinando hace un par de años con comprarme una consola.

Luego de repente un día me di el gusto. Hasta ahora por suerte no me arrepiento de la compra que hice. Pero por ejemplo cada mes que pasa tengo que tener cuenta las cuotas pendientes. Que es un dinero que egresa. Sale de mi bolsillo.
Con 3 o 4 compras más de este estilo estaría fundido.

Tenemos que empezar a tener más autocontrol, dejar los caprichos de lado y comprar evaluando el impacto sobre nuestra situación financiera.

Apartemos el lujo y midamos las cosas por la utilidad que nos aportan
Séneca

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