Cuando parece no haber salida

Hay problemas que no sabemos cómo resolver. Parecerían estar ahí para siempre.
Nos encontramos en un laberinto sin salida; perdidos y angustiados buscamos soluciones donde no las hay.

Me pregunto qué herramientas tenemos para aminorar los efectos de los problemas. Hay un dicho que dice que cuando un problema no tiene solución, no debería preocuparme o bien no es un problema.

Creo en esto a medias, ya que la convivencia con los problemas no es nada fácil. Por más que le busquemos el lado filosófico al asunto, no podemos sentirnos plenos.
Seguimos estresados o tristes por las dificultades que se nos presentan.

“La vida es un huracán” dijo una vez (quien fue) mi terapeuta.

Más allá de cómo cada uno de nosotros sobrelleva una situación difícil, sí creo las formas de pensamientos que alivian el dolor.

Podemos predisponernos de una manera tal para sacar fuerzas y seguir adelante. Pensar que la vida continua y quizás haya una vía de escape.
Quizás el enigma tiene solución...

Se trata de ponernos en un estado más reflexivo. Pensar en qué podemos hacer al respecto y si contamos con gente a nuestro lado que pueda ayudarnos.

Hay distintos grados de situaciones dolorosas, obstáculos y dificultades que se nos presentan permanentemente. La vida está llena de problemas.

Está en nosotros crecer espiritualmente y hacernos más fuerte mentalmente para poder superarlos o sobrellevarlos de la mejor manera posible.

Cuando tengas algún problema prueba contárselo a alguien. Pero no a modo de queja y nada más, sino para que realmente te den una opinión al respecto.

No solo es una forma de desahogarte, sino que también escuchar distintos puntos de vista puede ser el punto de partida hacia la solución.

"No podemos resolver problemas usando el mismo tipo de pensamiento que usamos cuando los creamos"
Albert Einstein

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