Disfrutando de las cosas simples de la Vida

Un sábado de primavera me encontró leyendo en mi jardín. Era mediodía y el sol definía una temperatura de 22 grados Celsius.

Recuerdo que el cielo estaba completamente despejado. Celeste por así decirlo.

Había una leve brizna de viento muy de vez en cuando, pero igual podía disfrutar sin interrupciones de ese calorcito primaveral.

Yo estaba tan relajado y comprometido con la lectura, que por momentos tenía que levantar la mirada para contemplar lo que estaba ocurriendo:

Estaba viviendo un momento Feliz

Jardín, sol y un buen libro. ¿Qué más podía pedir?

Sentía paz interior y la noción del tiempo había desaparecido...

Hasta que me agarró hambre, interrumpí todo y me fui a comer apurado como siempre.

El momento de felicidad había durado 35 minutos, pero me había dejado una enseñanza:

Empezar a disfrutar de lo simple que nos rodea aquí y ahora

Tenemos una imagen de nuestro futuro ideal que nos aventuramos sin pensarlo en “el camino hacia la felicidad

Soñamos y nos acordamos de todas las cosas que necesitamos y que nos gustaría lograr en la vida: Realizar un viaje, formar un familia, comprar una casa, tener un auto, terminar la universidad, conseguir un mejor trabajo. Y así otra decena de metas con el mismo encanto.

“Cuando eso pase, seremos realmente felices” pensamos sin dudarlo.

Pero quizás te sorprenderás al darte cuenta de que no necesitás mucho más de lo que tenés ahora para poder disfrutar al máximo de tu momento presente.
De TU VIDA COTIDIANA.

Lo negarás al principio. Te quejarás y creerás que no hay nada para celebrar.
¿Pero es tan así?

Practicando la gratitud

Cuando estoy muy resfríado o tengo un esguince de tobillo, valoro aquellos días en donde estaba en perfecto estado de salud.

Cuando tengo muchísima sed, un vaso de agua pasa de ser algo “aburrido para beber” y se convierte en el paraíso.

Si estoy con mucho sueño, mi cama pasa a ser el lugar soñado.

Al tener frío, una simple bufanda alrededor del cuello puede resultar en el elixir de la vida.

¿Y así, cuántas cosas simples tenemos a nuestro alcance hoy en día y no valoramos como corresponde?

¿Por qué nos quejamos tanto por todo lo que nos falta?

¿Tenemos que vivir un año en la jungla para empezar a valorar todo lo que tenemos hoy en día?

Creo que no hace falta.

Quizás el cambio que tengamos que hacer consta de:

  • Salir de la automatización y vivir más despacio
  • Ser más consciente y pensar en lo que nos rodea y lo que ya tenemos
  • Estar agradecidos por eso

Caminar por el parque, contemplar un atardecer, disfrutar de una ducha caliente, saborear una tostada con mermelada y un rico café. Leer. Dibujar. Llamar a un amigo para saludarlo. Juntarse en familia a compartir una cena. Reunirse con amigos un viernes a la noche para conversar de la vida. Abrazar a un ser querido.

Son detalles. Gestos. Están ahí al alcance de la mano.

No se necesitan grandes sumas de dinero. Tampoco esperar años a que ocurra.

Podés disfrutar de pequeños momentos felices hoy mismo aprendiendo a valorar lo que ya tenés. Por más simple que parezca. ¿Una manzana tal vez? ¿Un “buen día” del vecino?
¿Una cómoda almohada para dormir? ¿Un lápiz y papel para anotar tus ideas? ¿Un té para merendar?

¿Cuánta gente en el mundo no cuenta con nada de lo anterior?

Podrás objetar ahora: “Pero también hay mucha gente que está en una mejor situación que la mía”, con un mejor estado de salud, con una mejor situación económica, etc.

Es cierto, pero eso no debería impedirte practicar la gratitud con lo que ya tenés hoy.

Algunas Conclusiones

Creo que está bueno tener metas que nos mantengan en movimiento. Desarrollarnos, crecer, aspirar a algo más. Pero muchas veces creemos que solo seremos felices cuando alcancemos esto o aquello.

Dejamos de apreciar nuestro momento presente para perseguir nuestro futuro ideal.

Es momento de levantar la mirada y pensar por unos instantes lo que ya hemos conseguido.

Comentarios

Mer
Mié, 17/06/2015 - 6:21pm

Qué lindo. Es difícil, pero una vez que empezamos a practicar la gratitud, es algo maravilloso.

Hoy por ejemplo, me levanté reeeecontenta porque tenía a mi perrita arriba de la cama, que es como un peluche grande, y se despierta y está mimosa, tributa con besos y ronroneos. Esto pasa casi todos los días, quizás no siempre lo puedo valorar.

Hay una canción que me gusta dice: "...arde la leña, harina y barro, lo cotidiano se vuelve mágico... se vuelve mágico". Como dijo el autor, una taza de té. Ahora voy por una, y sonrío.

Gracias Marian por este artículo.

Mariano
Jue, 18/06/2015 - 7:11am

Hola Mer,

Es increíble el afecto que nos pueden dar los perros, nuestras mascotas y más aún, compañeros de vida.
Y tan solo esas demostraciones de afecto marcan la diferencia. Nos dan alegría y nos hacen empezar bien cada día.

Me gustó la letra de la canción que mencionás. "Lo cotidiano se vuelve mágico"...

Me alegra que te haya gustado el artículo. Gracias por comentar :)

N.leimon
Mar, 17/01/2017 - 12:11pm

Escribes precioso, ayudas a reinventar nuestro día a día. gracias!

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