La Era del Descarte

Escrito por: Mercedes Guerrera

Ayer era un día normal. Aparentemente, nada interesante iba a pasar. A eso de las dos, llegué del trabajo y apenas entré a casa me saqué los zapatos. Como hago casi siempre, me tiré al piso para hacerle fiestas a mi perrita Pampa, le canté una canción y la miré con alegría. Pampa me observó con indiferencia.

— ¡Eu! ¿Qué pasa? —le pregunté.

Me dio vuelta la cara.

—No quiero saber más nada con vos —dijo luego, con voz clara.

Yo sospechaba que eso algún día iba a pasar, que ella hablaría.

—¿Qué? ¿Podés hablar? —dije ansiosa.

—Sí.

—¿Desde cuándo? ¿Cómo?

No respondió. Comprendí que estaba perdiendo su atención. Ella bostezaba.

—¿Y por qué no querés saber nada con mamá?

Me miró de reojo.

—No sé— y luego, rápidamente, agregó: Quiero una mamá nueva.

—¿Quéeee?

Yo me sentía muy confundida, y miré alrededor.

—Eso no se puede… yo soy tu mamá, te saqué de la calle y…

—¡Ah!, me lo echás en cara —me interrumpió.

—Tenés razón, perdoname. Pero, ¿una mamá nueva?, no se puede…

—Ah… no sé…, yo escuché… —Se hacía la interesante, se lamía las patitas.

—Ah, escuchaste… ¿y mamá nueva para qué?

Pareció pensar.

—Quisiera un alimento nuevo. Nuevas sensaciones…, no sé.

—¿De qué sensaciones me hablás? —grité.

—Bacco tiene una mamá nueva. Yo vi…

—¡Pero porque su mamá se murió! Y ahora lo cuida Adela, que es la abuela...

—No me grités, que entiendo. Bueno, entonces, quiero un auto nuevo… y un celular nuevo, también.

—Pampa… vos no manejás, ni usás celular.

La televisión estaba a unos metros, y escuché que pasaban la publicidad de un auto 0 KM. Me levanté y fui a apagarla.

—¡No! —gritó Pampa.

—¿Qué no? ¿Qué no?, ¡te vas a ir a la cucha, eh…!

—¡No!, la abuela me deja la tele prendida, para que no me sienta sola.

—La televisión es una mierda, y no la vas a ver más. Te pudrió la cabeza, por lo que veo.

Se levantó y fue hasta su tachito. Lo topeteó con fuerza, y volcó toda el agua.

—¡Quiero un tachito nuevo! —gritó. Y tirándose al suelo, se retorció y me armó un escándalo.

«Que el tachito ya no tenía el color rosa de antes”, «Que ella en el pet shop vio unos más grandes y fucsias”. Lloraba, se babeaba. «Que hacía años que tenía lo mismo, y estaba aburrida”, «Que yo era una mamá mala”.

Le dije que se dejara de joder. Le expliqué que su tachito aún servía, porque cumplía su función, que era contener el agua. No compraríamos otro porque no era necesario.

—Comprar otro tachito es gastar plata, y es descartar el tachito que ya tenés, convertirlo en basura, ¿y todo por qué? ¿Por viejo?

Lloraba. «¡Quiero un tachito nuevo!», «¡Quiero un tachito nuevo!». Casi no se le entendía.

Después se calmó, pero me miró con rencor.

—Mala —me dijo.

—Sí, mala, mala —repetí con ironía.

—Vos… porque sos una mamá pobre. Tenés ese saco viejo y estirado…

La miré con intriga. Continuó:

—… y esos zapatitos marrones, hechos mierda. Y ese celular con tapita, ya no se usa. Sin cámara, ni siquiera me podés filmar, para después contar que hablé.

Se rascó una oreja. Dijo:

—Ah, y no tenés auto tampoco. Me llevás en bicicleta…

—¡Porque te saco a pasear!

Yo ya empezaba a enojarme. No entendía el por qué de esos reclamos. Siguió con lo mismo:

—Pampa quisiera una mamá con plata, que se vista mejor, con ropa buena…, vos andás siempre con lo mismo, y cuando no da más, lo llevás a arreglar. Tendrías que tener más plata y comprarme ropita, y esas pelotitas que hacen ruido. Ah, y un GPS por si me pierdo... No tenemos cable tampoco, y Pampita tiene que ver los mismos canales…, ah, y no tenés auto —repitió.

—¡Yo no voy a ser una pelotuda que trabaje todo el día para mantener todo eso! —grité, fuera de mí.

Respiré y dije:

—En cambio…, paso tiempo con vos, salimos a caminar, jugamos, vamos a nadar. ¿Preferís estar todo el día sola? Yo llegaría del trabajo cansada, a la noche, y no estaría de ánimo para tirarte el palito.

Había apoyado la cabeza en sus patitas y me miraba, quizás con vergüenza.

—Ahora, por ejemplo, estábamos por salir a pasear. Pero está bien, me voy a ir, para seguir trabajando y poder comprarte un GPS… —fingí que salía de casa.

—¡No! —gritó, y vino a saltarme.

Me agaché y me lamió la cara. Movía la cola, hacía sus gracias.

Eran las tres de la tarde, y salimos. Afuera el sol estaba alto y tibio; sentí el calor en la espalda y en los hombros, y supe otra vez que la vida era buena. Pampa se revolcaba en el pasto y jugaba con una rama. No teníamos nada, no necesitábamos nada. Había perfume a lavanda en el viento. Lo esencial nunca puede ser nuevo, y sin embargo se renueva.

Era del Descarte

Comentarios

Mariano
Jue, 02/07/2015 - 10:31am

Mer,

Antes que nada muchas gracias por escribir este artículo. Me gustó mucho y me pareció muy interesante. Por momentos me reía y por momentos me hacía reflexionar.

Coincido en que vivimos en la era descartable. Las cosas ya no duran más de un tiempo. Compramos ciegamente porque creemos que eso nos dará la felicidad. Buscamos un nuevo celular, televisor, auto, un mueble, ropa o lo que sea y depositamos nuestra energía en la adquisición de estas cosas para sentirnos bien (al menos temporalmente).

Si un dispositivo electrónico o un par de zapatillas te duran más de 2 años, ya es todo un mérito espacial. Y si duran, uno las cambia porque "se aburre".

Me preocupa que en esta era donde todo es decartable, los sentimientos y las personas también se ven afectadas. Cada vez hay menos valores y tolerancia por el prójimo.

Las relaciones se terminan de un día para el otro así porque sí...

"Me cansé, me peleo, le dejo de hablar, busco otra persona" (aplica a los matrimonios, noviazgos de 5 años, amistades, círculos de conocidos)

La foto del final de artículo es espectacular. No solo porque está Pampa llena de espuma saliendo del mar, sino también porque remite a que en las cosas simples está la verdadera y duradera felicidad.

Graciela Valle
Mié, 08/07/2015 - 12:45pm

Mercedes, tu escrito es muy bueno: el tema central y profundo, está bien tratado; la personificación es un recurso de estilo apropiado y las imágenes sensoriales aplicadas correctamente: el perfume a lavanda, el murmullo del televisor...y la imagen visual del final, sencillamente ESPECTACULAR. La madre natura siempre es fuente de inspiración. Repito: MUY BUENO!.

Mer
Jue, 09/07/2015 - 1:53pm

Marian, Graciela Valle. Qué lindas palabras de ambos. Gracias por este espacio.

Susana
Jue, 09/07/2015 - 9:07pm

Mer, como te quiero. Me encanto el cuento, y me la puedo imaginar a Pampa hablando y a vos también, tal como sos, con tus zapatitos blancos y tu pollerita blanca, como nuevos, como siempre. Cuanta razon tenes. Yo estoy como vos, con mi celu que solo me permite hablar por teléfono, que es para lo que es y negándome a cambiarlo. La foto es excelente. Un abrazote enorme.

Graciela Valle
Vie, 28/08/2015 - 6:30pm

Para cuándo una nueva historia Mercedes? esperamos que sea pronto.

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